25 años de historia, por Ramón Rosal

La historia de los orígenes de esta revista comenzó con una etapa primera de 1981 a 1990, en la que se titulaba Revista de Psicología y Psiquiatría Humanista, aunque personalmente hubiese preferido que en lugar de la palabra “psiquiatría” estuviese la de “psicoterapia”. En aquel tiempo acababa de tener lugar, en Barcelona, el primer Congreso Nacional de Psicología Humanista. Los miembros del comité organizador esperábamos una asistencia de entre cien y ciento cincuenta inscripciones pero, al último momento, aparecieron unos cuatrocientos. Se me confió hacerme cargo de la primera ponencia, que titulé: El Movimiento de la Psicología Humanista y su relación con la psicología científica. Luego apareció publicada en el número primero de la revista.

En los Estados Unidos de América, la Psicología Humanista ya se había constituido como una sección de la American Psychological Associaton, desde el año 1970, poco después de haber ocupado la presidencia de la A.P.H. Abraham Maslow, el líder principal y promotor de la Humanistic Psychology Association y del Journal of Humanistic Psychology. Años después también presidieron la A.P.A. los psicólogos humanistas G.W. Allport y J.F.T. Bugental, entre otros. Pero en España, en 1980 apenas era conocida. Vinieron sucesivos terapeutas principalmente de Inglaterra y los Estados Unidos, para ofrecer encuentros intensivos teórico-prácticos sobre diversidad de modelos de psicoterapias humanistas, incluido un encuentro de una semana con Carl Rogers con una participación grupal de ciento cincuenta psicólogos (el máximo permitido).

Me impliqué con ilusión –representando, junto con Ana Gimeno-Bayón, el Instituto Erich Fromm– en la fundación de esta revista, esperando contribuir a que pudiésemos dar a conocer estos nuevos modelos psicoterapéuticos caracterizados entre otros aspectos, por enfoques metodológicamente integradores, y no de escuelas como sistemas cerrados autosuficientes.

Me alegró que posteriormente, al iniciarse su segunda etapa, la denominación que se eligiese fuese la actual de Revista de Psicoterapia y que la portada, diseñada por Ana Gimeno-Bayón, prescindiese del color negro, que inicialmente pudo pretender inspirar seriedad académica a una corriente psicológica que los profesores universitarios españoles tendían a percibir como un colectivo de psicoterapeutas demasiado aventureros, aficionados a provocar catarsis grupales no siempre adecuadas (lo cual, algunas veces, era cierto).

En 1990 tuvo lugar el inicio de esta segunda etapa que, hasta hoy, ha publicado cien números. Una gran variedad de autores de diferentes escuelas –muchos extranjeros– han transmitido sus conocimientos y experiencias, con un claro predominio de representantes de las corrientes cognitiva-constructivista, cognitiva, o conductual-cognitiva y postracionalista. Ciertamente que en la mayoría de los modelos terapéuticos existencial-humanistas se encuentra, al menos implícita, la teoría constructivista de Kelly. Ahora bien, he echado de menos, durante estos años, una mayor presencia de autores explícitamente existencial-humanistas.

Espero que se pueda iniciar ahora una mayor presencia de ellos. Es cierto que muchas de las aspiraciones y propuestas del Movimiento de la Psicología Humanista actualmente están presentes también fuera del ámbito del pluralismo de modelos implicados en él. A diferencia de los tiempos de la Terapia de Modificación de la Conducta de Watson, hoy son muchos los que conceden relevancia tanto a los procesos cognitivos como a los emocionales; los que reconocen la importancia de las actitudes del terapeuta; los que no reducen la sesión terapéutica a hablar y escuchar (muy importante), sino también a experienciar en la sesión, reviviendo en el presente situaciones emocionales del pasado, o temidas respecto al futuro, utilizando también procedimientos con actividad imaginaria o psicocorporales. Son muchos los terapeutas de escuelas no humanistas que han reconocido la eficacia terapéutica de estas actitudes y prácticas, y de otras más cuyos pioneros fueron miembros del Movimiento de la Psicología Humanista. Pero esta dispersión de su influencia, y de su actitud metodológicamente receptiva y respetuosa con el pluralismo, no tiene por qué impedir seguir estando atentos a las aportaciones específicas de sus autores más representativos de la actualidad, de los vinculados a lo que Rychlak entendía en su libro como A serious Humanistic Psychology.

 
 

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